Mientras estaba en una cafetería me percataba de una madre y una hija que conversaban de manera entrecortada, a ratos las dos se miraban e interactuaban, mientras en otros momentos alguna de ellas, e incluso las dos al mismo tiempo miraban sus respectivos smartphone y se ignoraban mutuamente. Situación que percibía como un «conectarse/desconectarse» entre el mundo material, off line, y el digital, on line.
En ciberpsicología, este fenómeno se conoce como «phubbing«, un fenómeno que avanza y se instala en la sociedad cada vez con mayor fuerza. El phubbing es un comportamiento social que hace referencia a ignorar o prestar poca atención a quién esta físicamente presente por atender a lo que sucede en el mundo digital vía smartphone. El nombre de este concepto surge de amalgamar las palabras «phone» (teléfono) y «snubbing» (ignorar o desatender), y en concreto, es cuando una persona prefiere estar concentrado en su mundo digital, por medio del teléfono, por sobre interactuar con quienes la rodean, o están al frente durante un encuentro o reunión.
Si comprendemos que existe una fuerte y significativa relación entre los vínculos afectivos profundos y la felicidad, el phubbing debiera interesarnos, y no solo por conocer el concepto, sino para poder regularlo. Diversos estudios, incluyendo investigaciones de la Universidad de Harvard que duraron décadas, han demostrado que la calidad de nuestras relaciones interpersonales es un predictor más sólido de la felicidad y la salud a largo plazo que factores como el dinero, el éxito profesional o la fama. Entonces, desatender nuestros vínculos por «las pantallas» no es baladí, es algo que afecta directamente a un pilar de la felicidad: nuestros vínculos afectivos directos.
La literatura señala variados impactos del phubbing en la vida, por ejemplo, afecta las relaciones interpersonales, da cuenta de una posible dependencia digital, disminuye la empatía y la atención, debilita, o desnutre, nuestros vínculos con quienes nos importan, puede generar la sensación de ser poco importantes en quienes sufren por este comportamiento. De forma más ilustrativa podemos señalar parejas en las cuales el tiempo juntos cada vez es más parecido a estar cerca pero cada uno embutido en su mundo digital, padres que están en sus dispositivos mientras sus niños intentan jugar con ellos, trabajadores que se desconcentran o sufren de FOMO (miedo a perderse algo en el mundo digital) afectando la calidad del trabajo y la atención con clientes, individuos que pierden su conexión con el entorno mientras se hiperconectan con sus relaciones digitales. (¿te has sentido solo o poco importante cuando tus seres queridos te ignoran por estar «enpantallados»?)
Por otro lado, el dicho folclórico de «siempre viajo solo en las micros llenas» adquiere un novedoso aspecto de reflexión a la luz de las nuevas formas de comportarse en la era digital. Este dicho en primera instancia da cuenta de que la compañía no es simplemente la contigüidad junto a otros, es decir, pudiendo estar rodeado de mucha gente una persona puede sentirse sola y aislada. Por ejemplo, un niño no solo necesita que sus padres estén cerca de él, si no que por sobre todo necesita sentirse participe en un vínculo, esto quiere decir que el niño se sentirá acompañado cuando los padres estén conectados psicoemocionalmente con él y vibren juntos.
Caso uno, un niño jugando Roblox junto a su padre no es necesariamente compañía, pues la energía vincular está afectada por el volcamiento e hiperfocalización del niño en su pantalla.
Caso dos, una matrimonio recién casados que cenan «juntos» mientras cada uno responde wassap, sube fotos a instagram, y «scrolea» sin cesar en su muro de RRSS.
Caso tres, un trabajador de atención al cliente que se desconcentra de lo que le habla una persona, por responder mensajes de la plataforma X (antes twitter).
Todos estos casos grafican cómo podemos desconectarnos de lo presente por privilegiar lo «lejano pero presente» en el mundo digital.
Lo esencial es que al desconectarnos de lo presente mermamos el bienestar que deviene al cultivar vínculos significativos. Vínculos que como se señaló anteriormente, correlacionan fuertemente con el bienestar vital.
Algunos de los beneficios de vínculos sanos y prósperos:
- Proporcionan apoyo, confianza y seguridad.
- Impactan en el bienestar emocional.
- Fomentan la salud mental y física.
- Enriquecen la vida diaria.
- Mejoran la autoestima.
- Fomentan un crecimiento mutuo.
- Son un recurso vital para superar adversidades.
Como SOCHICIP impulsamos la campaña «TSP» (Tiempo sin pantallas), una consigna que busca resguardar la riqueza del estar juntos y compartir. Un llamado a conectarnos con nuestra realidad próxima y con quienes nos rodean, pues de allí emana la gran posibilidad de sentirnos juntos y cuidados. Pedir «TSP» puede ayudar a que un niño sienta la compañía de sus padres, puede ayudar a que un matrimonio recién casado funde su vida juntos al coemocionarse en su vivir en pareja, puede ayudar a que un cliente se sienta escuchado empáticamente por un trabajador, puede ayudar a que nuestros abuelos se sientan queridos e importantes.
Pedir «TSP» es un escudo de lo relacional próximo ante la «invasión» de estímulos del mundo digital. «TSP» es también un recordatorio que aquí estamos y aquí somos, juntos, conectados, vistos, sentidos. Un vínculo necesita proximidad, pero sobre todo requiere de esa atención que nace de valorar lo importante que es estar con otros viviendo cosas juntos y conversando sobre lo que nos pasa.
En esencia, esta iniciativa busca fomentar el pedir tiempo de calidad en un mundo permanentemente acosado por estímulos y diseños adictivos.
Acostumbrémonos a pedir «TIEMPO SIN PANTALLA» cada vez que estemos con quienes amamos, son importantes en nuestras vidas y nos demos cuenta que el phubbing está presente.
Porque finalmente, esto se trata de que recuperemos juntos ese tiempo de calidad que hace que la vida valga la pena ser vivida…JUNTOS.

