La nueva infancia conectada
La infancia de hoy ocurre entre pantallas. Desde los primeros años, niñas y niños interactúan en entornos digitales que combinan juegos, aprendizaje y socialización. Plataformas como YouTube, TikTok o Roblox se han convertido en parte del paisaje cotidiano, donde el entretenimiento se mezcla con la exploración del mundo. Sin embargo, esta hiperconexión temprana abre también una nueva frontera de riesgos: la posibilidad de interactuar con desconocidos en espacios en línea diseñados, muchas veces, para públicos mayores. En Chile, un 93% de los niños entre 9 y 17 años usa internet todos los días, y cerca del 40% reconoce haber conversado con alguien que no conocía en persona, según datos de UNICEF y SUBTEL (2023).
Cuando los desconocidos ya no están tan lejos
En el mundo digital, los límites entre lo público y lo privado se desdibujan. Los videojuegos en línea, los chats de aplicaciones y las redes sociales generan espacios de interacción con personas ajenas al círculo familiar o escolar. A diferencia del mundo presencial, donde los niños suelen reconocer con quién interactúan, el entorno online permite que cualquiera adopte una identidad falsa o distorsionada. Este fenómeno se ve potenciado por la desinhibición online, concepto descrito por el psicólogo John Suler (2004), que explica cómo las personas tienden a comportarse en internet de maneras que no adoptarían en la vida real. En el caso de los niños, esa desinhibición puede traducirse en confianza excesiva, exposición a conversaciones inapropiadas o vulneración de su intimidad.
Identidad y auto-presentación digital
La infancia digital también es una infancia observada. Cada foto compartida, cada comentario o publicación se convierte en una forma de auto-presentación online. Los niños aprenden pronto que la imagen digital puede ser moldeada: pueden elegir qué mostrar, cómo lucir o qué decir para obtener aprobación social o pertenencia. Este proceso, natural en el desarrollo identitario, adquiere una nueva dimensión cuando ocurre en redes abiertas. La búsqueda de aceptación y ‘likes’ se combina con algoritmos que refuerzan ciertos comportamientos, promoviendo la exposición excesiva o la comparación constante. La identidad digital infantil se construye así en diálogo con los otros, pero también bajo la mirada anónima de desconocidos, generando vulnerabilidad emocional y riesgos para la privacidad.
Huella digital y consecuencias invisibles
Cada clic, publicación o mensaje deja una marca. La huella digital (digital footprint) es el rastro que se acumula en la red y que puede permanecer durante años. Muchos niños y adolescentes no dimensionan que sus contenidos pueden ser vistos, replicados o utilizados por terceros, incluso después de eliminarlos. Además, parte de esta huella se genera de manera pasiva, ya sea porque otros nos incluyen en sus publicaciones o a través de datos recolectados por aplicaciones, juegos o plataformas educativas. Este registro invisible puede perfilar gustos, hábitos y comportamientos desde la niñez, lo que plantea serios desafíos éticos sobre la privacidad y la protección de datos. Educar en torno a la huella digital no implica prohibir, sino enseñar a discernir: qué compartir, con quién, y por qué.
De la prevención al acompañamiento
El control parental por sí solo no basta. La prevención requiere acompañamiento y alfabetización digital, entendida como la capacidad de usar críticamente las tecnologías, comprender sus riesgos y aprovechar sus oportunidades.
Algunas recomendaciones prácticas:
• Conversar abiertamente sobre con quién se comunican en línea.
• Establecer reglas claras sobre qué información se puede compartir.
• Mantener dispositivos en espacios comunes del hogar.
• Enseñar a desconfiar de solicitudes de amistad o mensajes de desconocidos.
• Promover actividades sin pantallas para equilibrar la experiencia digital.
La protección digital infantil comienza en el diálogo y continúa con la construcción de una cultura de bienestar digital, donde adultos y niños compartan responsabilidades en el uso seguro y consciente de las tecnologías.
Una mirada al futuro
La red no es un espacio peligroso por naturaleza, pero sí exige una mirada vigilante. Las interacciones con desconocidos en línea nos recuerdan que la educación digital es una tarea colectiva. En SOCHICIP creemos que acompañar a la infancia conectada implica ir más allá del control: se trata de formar ciudadanos digitales conscientes, capaces de habitar internet con autonomía, empatía y criterio. En última instancia, proteger a los niños en la era digital es también una forma de proteger nuestro propio futuro como sociedad conectada.

